David Copperfield
David Copperfield –¿Ha venido alguien a buscar a un muchacho apellidado Murdstone, de Blunderstone, Suffolk, que debe esperar aquà hasta que lo reclamen? –gritó en la puerta del despacho de billetes.
No respondió nadie.
–Le ruego que lo intente con el apellido Copperfield, señor –exclamé angustiado, bajando los ojos.
–¿Ha venido alguien a buscar a un muchacho registrado como Murdstone, de Blunderstone, Suffolk, pero cuyo nombre es Copperfield, que debe esperar aquà hasta que lo reclamen? –repitió–. ¡Vamos! ¿Ha venido alguien?
No. No habÃa ido nadie. Miré con inquietud a mi alrededor; pero ninguno de los presentes pareció darse por aludido, si exceptuamos a un tuerto con polainas, que sugirió que me pusieran un collar de metal alrededor del cuello y me ataran en las caballerizas.
Trajeron una escalera, y bajé detrás de la señora que parecÃa un montón de heno, pues no me atrevà a moverme hasta que se llevaron su cesta. No quedaba ningún pasajero para entonces, y el equipaje no tardó en ser retirado; como habÃan desenganchado previamente los caballos, algunos mozos de cuadra empujaron la diligencia para dejar el paso libre. Pero siguió sin aparecer nadie que reclamara al polvoriento muchacho de Blunderstone, Suffolk.