David Copperfield
David Copperfield Subimos hasta el último piso. Dos o tres veces, durante el camino, creí distinguir en la penumbra las faldas de una figura femenina que nos precedía. Cuando llegamos al último tramo de escalera, vimos con claridad cómo la desconocida se detenía unos instantes delante de una puerta. Luego giró el picaporte y entró.
–¡Qué extraño! –susurró Martha–. Se ha metido en mi cuarto. ¡Y no sé quién es!
Yo sí que lo sabía. Con enorme sorpresa, había reconocido a la señorita Dartle.