David Copperfield
David Copperfield La rabia la atenazó de nuevo, durante un instante; pero cruzó por su rostro como un espasmo, y la dejó con la sonrisa en los labios.
–Ocúltese –prosiguió–, si no quiere hacerlo en su casa, en cualquier otra parte. Que sea en un lugar muy apartado, con una vida oscura… o, mejor aún, con una muerte oscura. Me sorprenderÃa, si su tierno corazón no se rompiera, que no hubiera descubierto usted el modo de ayudarlo a detenerse. He oÃdo decir que existen algunos remedios para eso. Y creo que son fáciles de encontrar.
El llanto ahogado de Emily interrumpió sus palabras. La señorita Dartle guardó silencio y parecÃa escucharlo como si fuera música.