David Copperfield
David Copperfield –La joven se habĂa mostrado al principio tĂmida y asustadiza –dijo el señor Peggotty–, y se quedaba a cierta distancia con su máquina de hilar, o de lo que fuera, mientras Emily hablaba con los niños. Pero mi sobrina habĂa advertido su presencia, y se habĂa acercado a conversar con ella; como la reciĂ©n casada querĂa mucho a los niños, no habĂan tardado en congeniar. Hasta tal punto que siempre que Emily pasaba por allĂ, la mujer le regalaba flores. Y era ella precisamente quien ahora le preguntaba quĂ© le habĂa ocurrido. Emily se lo contĂł y la joven… se la llevĂł a su casa. SĂ, eso fue lo que hizo. Se la llevĂł a su casa –añadiĂł el señor Peggotty, cubriĂ©ndose el rostro.
Desde la noche en que Emily se marchĂł, nada parecĂa haberle conmovido tanto como aquel acto de bondad. Ni mi tĂa ni yo quisimos interrumpirle.