David Copperfield
David Copperfield »No sé con certeza cuándo empezó a faltarle valor –exclamó el señor Peggotty–; pero, durante toda la travesÃa, habÃa pensado en volver a su querido hogar. En cuanto pisó Inglaterra, se encaminó hacia Yarmouth. Pero el temor de que no la perdonaran, el temor de que la señalasen con el dedo, el temor de que alguno de nosotros hubiera muerto por su culpa, el temor de muchas cosas, la empujó a cambiar de idea, casi por la fuerza. «TÃo, tÃo –me ha explicado–, ¡lo que más me aterrorizaba era no ser digna de hacer lo que mi corazón destrozado tanto anhelaba! Me alejé de casa, aunque en todas mis plegarias pedÃa a Dios que una noche me dejase llegar a rastras hasta el viejo escalón de entrada; y después de besarlo, y de apoyar en él mi malvado rostro, que me encontraran allà muerta por la mañana».