David Copperfield
David Copperfield »Vino a Londres –dijo el señor Peggotty, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo temeroso–. Ella… que nunca habÃa pisado esta ciudad… sola… sin un penique… tan joven… tan bonita… vino a Londres. Nada más llegar, sumida en la desesperación, conoció a alguien a quien creyó una amiga; una amable mujer que le sugirió que trabajara de costurera, lo que Emily mejor sabÃa hacer, y que prometió conseguirle muchos encargos, proporcionarle un lugar donde pasar la noche, y buscar confidencialmente noticias de su familia al dÃa siguiente. Cuando mi pequeña –exclamó, alzando una voz llena de gratitud que le hizo estremecerse de la cabeza a los pies– estaba al borde de un abismo que no me atrevo siquiera a imaginar… ¡Martha, fiel a su promesa, la salvó!
No pude reprimir un grito de alegrÃa.