David Copperfield
David Copperfield –Emily –continuó– se quedará conmigo (¡pobrecilla, necesita tanta paz y sosiego!) hasta el momento de embarcarnos. Se encargará de confeccionar la ropa que necesitemos; y espero que sus penas empiecen a parecerle más remotas hallándose de nuevo al lado de su tosco pero cariñoso tÃo.
Mi tÃa asintió con la cabeza, y el señor Peggotty se sintió sumamente satisfecho con aquella confirmación de sus esperanzas.
–Una cosa más, señorito Davy –exclamó, metiendo la mano en el bolsillo del chaleco y sacando con gesto grave el pequeño fajo de papeles que yo habÃa visto con anterioridad, y que desdobló encima de la mesa–. Aquà están los billetes de cincuenta y de diez libras. Deseo añadir a esta cantidad el dinero que tenÃa Emily cuando se escapó de su encierro. Le he preguntado cuánto era (sin decirle por qué) y lo he sumado. No soy un hombre instruido. ¿TendrÃa la amabilidad de comprobar si está bien?
Me entregó una hoja de papel, excusándose por su ignorancia, y me observó mientras yo revisaba sus cálculos. Eran correctos.