David Copperfield
David Copperfield –Es un sistema ingenioso, ¿verdad? –dijo, siguiendo mi mirada y sacando brillo al brazo de su asiento–. Se mueve con la ligereza de una pluma y avanza con la seguridad de una diligencia. La pequeña Minnie, mi nieta, ya sabe, la hija de Minnie, coge impulso, le da un empujón y ¡allá vamos los dos, felices y contentos! Y le diré algo más: no hay un sillón mejor donde fumar en pipa.
Jamás he conocido a nadie que supiera sacar más partido de las cosas que el señor Omer; siempre encontraba su lado gracioso. Se mostraba tan radiante como si el sillón, el asma y la parálisis de sus piernas fueran las distintas piezas de un gran invento destinado a aumentar el placer de fumar una pipa.