David Copperfield
David Copperfield –¿Es eso todo, Ham? –inquirÃ, apretando su mano.
–Aún hay algo más –contestó–, si soy capaz de decirlo, señorito Davy.
Seguimos caminando, más de lo que habÃamos caminado hasta entonces, sin que él volviera a hablar. Ham no lloraba en las pausas que expresaré con puntos suspensivos. Sólo trataba de elegir bien sus palabras para hacerse comprender mejor.
–Yo la amaba… y todavÃa amo su recuerdo… demasiado profundamente… para hacerle creer que soy un hombre feliz. Sólo podrÃa serlo… si la olvidara… y me temo que no podrÃa soportar que le dijeran eso. Pero si usted, que es un caballero instruido, señorito Davy, encontrase el modo de hacerle creer que no he sufrido tanto… aunque todavÃa la amo y lloro por ella… cualquier cosa que la convenciera de que no estoy cansado de la vida… aunque espero verla, libre de toda culpa, allà donde acaba la agitación de los malvados y reposa la gente ya sin fuerzas…[110] cualquier cosa que aliviara su remordimiento… aunque sepa que no me casaré jamás y que nadie podrá reemplazarla… yo le pedirÃa que se lo dijera… y también que rezo por ella… a la que tanto amé.
Apreté de nuevo su fuerte mano, y prometà decirle todo aquello a Emily lo mejor que supiera.