David Copperfield
David Copperfield –Se lo agradezco, señor –repuso–. Ha sido muy amable al venir a mi encuentro. Y al acompañar al señor Peggotty hasta aquÃ. Señorito Davy, mi tÃa irá a Londres antes de que embarquen, y todos se reunirán una vez más, pero no es probable que yo vuelva a verlo. Lo sé con certeza. No hablamos de eso, pero los dos lo sabemos… y quizá sea lo mejor. Cuando se despida de él… en el último instante… ¿querrá trasmitirle todo el afecto y el agradecimiento del huérfano para quien fue más que un padre?
También le prometà cumplir eso, fielmente.
–Gracias de nuevo, señor –dijo, estrechándome la mano con cordialidad–. Sé a dónde se dirige… ¡Adiós!
Hizo un leve gesto con la mano, como si quisiera darme a entender que no podÃa entrar en la vieja gabarra, y se alejó. Y, mientras yo contemplaba su figura, cruzando el vasto arenal a la luz de la luna, Ham volvió el rostro hacia una franja de luz plateada que brillaba en el mar, y siguió su camino, con los ojos fijos en ella, hasta que su sombra desapareció en la distancia.