David Copperfield
David Copperfield –Señor Copperfield –repuso él–, su confianza, en la presente coyuntura, no está mal depositada. Les ruego que me den cinco minutos de ventaja; y después se presenten en las oficinas de Wickfield y Heep, de quienes soy estipendiario, y pregunten por la señorita Wickfield.
Mi tÃa y yo miramos a Traddles, que hizo un gesto de asentimiento.
–No tengo nada más que añadir por el momento –señaló el señor Micawber.
Dicho lo cual, ante mi infinita sorpresa, se despidió de todos con una reverencia y desapareció; su actitud no podÃa ser más distante y la palidez de su rostro era extrema.
Traddles se limitó a sonreÃr y a mover la cabeza (con los cabellos de punta) cuando le miré buscando una explicación; asà que saqué mi reloj y, como último recurso, me puse a contar los cinco minutos. Mi tÃa, reloj en mano, siguió mi ejemplo. Cuando transcurrió el plazo fijado, Traddles le dio su brazo y nos dirigimos juntos a la vieja casa, sin decir una sola palabra por el camino.