David Copperfield
David Copperfield –No, no conozco mucho al señor Wickfield –replicó Traddles–; de lo contrario, tal vez hubiera venido a presentarle mis respetos hace mucho tiempo, señor Heep.
HabÃa algo en el tono de esa contestación que empujó a Uriah a mirar de nuevo a su interlocutor con una expresión siniestra y desconfiada. Ésta desapareció, sin embargo, cuando vio el rostro bonachón, los modales sencillos y el pelo de punta de Traddles; y entonces exclamó con un movimiento convulso de todo su cuerpo, pero especialmente de su garganta:
–Lo lamento mucho, señor Traddles. Le habrÃa admirado tanto como nosotros. Sus pequeños defectos sólo habrÃan servido para que se encariñara más con él. No obstante, si desea oÃr hablar con elocuencia de mi socio, será mejor que pregunte a Copperfield. Por si no lo sabe, la familia Wickfield es un tema que domina.
No pude rechazar su cumplido (suponiendo que lo hubiera hecho), pues Agnes entró en aquel momento acompañada del señor Micawber. No parecÃa tan segura de sà misma como de costumbre; era ostensible que habÃa pasado inquietudes y fatigas. Pero su sincera cordialidad y su serena belleza brillaban con más dulzura.