David Copperfield
David Copperfield –«Fue entonces cuando… HEEP comenzó a depositar su confianza en mí, algo necesario para la ejecución de sus prácticas infernales. Fue entonces cuando empecé a quedarme, para expresarlo de un modo shakespeareano, consumido, flaco y débil.[112] Me di cuenta de que mis servicios eran constantemente requeridos para falsificar documentos y confundir a un individuo al que llamaré señor W. Se abusaba de ese señor W., que era tenido en la ignorancia y engañado de todas las maneras posibles; mientras tanto, sin embargo, el rufián de… HEEP mostraba una gratitud y una amistad sin límites por ese caballero al que tanto maltrataba. Esto era ya bastante malo; pero, como dice el príncipe y filósofo danés, con esa aplicabilidad universal que constituye el glorioso ornamento de la era isabelina, aún queda lo peor».[113]
El señor Micawber estaba tan orgulloso de haber redondeado felizmente el párrafo con una cita que, con la excusa de haberse perdido, se dio el placer (y nos lo dio a nosotros) de leer la frase por segunda vez.