David Copperfield
David Copperfield –«No es mi intención –prosiguió– enumerar con todo detalle, dentro de los lÃmites de la presente epÃstola (si bien lo he hecho constar en otro escrito), las ilegalidades de importancia secundaria realizadas en perjuicio del individuo al que he llamado señor W., y en las que he sido consentidor tácito. Mi propósito, cuando cesó la lucha que se libraba en mi interior entre cobrar o no cobrar, comer o no comer, vivir o no vivir, fue aprovechar todas las oportunidades que se me presentaran para descubrir y desenmascarar las importantes ilegalidades cometidas en terrible detrimento de ese caballero por… HEEP. Empujado por la voz de mi conciencia, y por la voz no menos suplicante y conmovedora de… una persona a la que denominaré brevemente señorita W., me consagré a la ardua tarea de investigador clandestino, que se ha prolongado, a mi leal saber y entender, durante más de doce meses».
Leyó este párrafo como si se tratara de una ley parlamentaria; y pareció cobrar nuevos y majestuosos brÃos con el sonido de las palabras.
–«Mis acusaciones contra… HEEP –siguió leyendo, al tiempo que lo miraba y colocaba la regla debajo del brazo izquierdo, a fin de tenerla preparada en caso de necesidad– son las siguientes…»
Creo que todos contuvimos la respiración. Estoy convencido de que también Uriah.