David Copperfield
David Copperfield –Después –prosiguió Traddles– tiene que prepararse para devolver todo aquello de lo que su rapacidad se ha apropiado y restituir hasta el último penique. Los libros y documentos de la sociedad deben quedar en nuestro poder; al igual que sus libros y documentos personales; y la contabilidad y los valores, tanto de la sociedad como suyos. En una palabra, todo lo que tengan.
–¿De veras? No sé… –dijo Uriah–. Necesito algún tiempo para pensarlo.
–Por supuesto –replicó Traddles–; pero, entretanto, y hasta que todo se arregle a nuestro gusto, nos quedaremos con todo esto; y le ruego… en una palabra, le exijo… que se retire a su cuarto y no se comunique con nadie.
–¡Me niego! –exclamó Uriah con un juramento.
–La cárcel de Maidstone es un lugar más seguro de detención –señaló Traddles–; y, aunque los tribunales tarden más tiempo en hacer justicia y no arreglen las cosas tan bien como podrÃa hacerlo usted, no hay duda de que recibirá su castigo. ¡Lo sabe tan bien como yo! Copperfield, ¿le importarÃa acercarse al ayuntamiento y traer con usted a un par de agentes de policÃa?