David Copperfield
David Copperfield –¡Bien! –exclamó Traddles, cuando estuvo todo en su poder–. Y ahora, señor Heep, puede retirarse a meditar; y recuerde especialmente, se lo ruego, que yo declaro, en nombre de todos los presentes, que lo único que puede hacerse es lo que le he explicado, y que hay que hacerlo sin demora.
Uriah, sin levantar los ojos del suelo, cruzó el despacho arrastrando los pies, con la mano en la barbilla.
–Copperfield –dijo, deteniéndose al llegar a la puerta–, le he odiado siempre. Toda su vida ha sido un presuntuoso y ha estado en contra mÃa.

Restauración de la confianza mutua entre el señor y la señora Micawber
–Como creo haberle dicho en una ocasión –respondÖ, es usted el que, con su codicia y su astucia, ha estado siempre en contra de todos. Tal vez le convenga meditar en el futuro que no ha habido codicia y astucia en este mundo que no fuesen más lejos de lo debido, y se salieran de su cauce. Es tan cierto como que hemos de morir.