David Copperfield
David Copperfield –¿Si pudiéramos? Claro que podemos y lo haremos, con las condiciones que usted estipule –replicó mi tÃa–, siempre que lo desee. MedÃtenlo bien los dos. David conoce a unas personas que pronto saldrán para Australia. Si deciden ir, ¿por qué no viajan en el mismo barco? De ese modo podrÃan ayudarse entre ustedes. MedÃtenlo bien, señor y señora Micawber. Tómense su tiempo y midan los pros y los contras.
–Mi querida señora, quisiera hacerle una pregunta –dijo la señora Micawber–. El clima es muy saludable, según tengo entendido, ¿no es as�
–¡El más sano del mundo! –replicó mi tÃa.
–Perfectamente –prosiguió la señora Micawber–. Entonces mi pregunta es la siguiente: ¿se dan en ese paÃs unas condiciones apropiadas para que un hombre de la valÃa del señor Micawber pueda elevarse en la escala social? No pretendo, de momento, que aspire al cargo de gobernador, ni nada por el estilo; pero ¿encontrará oportunidades razonables… y suficientemente amplias para que sus facultades puedan desarrollarse y alcanzar toda su plenitud?
–No existen mejores oportunidades en ningún otro paÃs –aseguró mi tÃa– para un hombre trabajador y de buena conducta.