David Copperfield
David Copperfield –Señora –respondió él–, la señora Micawber y yo estamos profundamente agradecidos por la atenta amabilidad de nuestros protectores y amigos. Mi deseo es ser sumamente metódico y puntual. Al pasar página en la historia de nuestra vida, como estamos a punto de hacer, y echarnos hacia atrás, como estamos haciendo ahora, para tomar impulso y dar un salto de singular magnitud, es muy importante, no sólo para salvaguardar mi dignidad sino también para servir de ejemplo a mi hijo, que estos acuerdos se suscriban de hombre a hombre.
No sé si para el señor Micawber esta última frase tenÃa algún sentido, como tampoco sé si lo tiene para los demás; pero nuestro amigo pareció saborearla de un modo extraordinario, y la repitió acompañada de un profundo carraspeo, «de hombre a hombre».
–Les propongo pagarés (una comodidad para el mundo mercantil que, según creo, debemos agradecer a los judÃos, quienes parecen haber abusado de ellos de un modo endiablado) porque son negociables –afirmó–. Pero si prefieren un bono, o cualquier otra clase de garantÃa, será un placer cumplir con esas formalidades. De hombre a hombre.
Mi tÃa señaló que, en un asunto en el que ambas partes estaban dispuestas a aceptar cualquier condición, daba por descontado que no habrÃa ninguna dificultad en llegar a un acuerdo. El señor Micawber fue de su misma opinión.