David Copperfield
David Copperfield –Me alegra decirle, señorita Wickfield –prosiguió Traddles, con gran delicadeza a la par que seriedad–, que el señor Wickfield ha mejorado considerablemente durante su ausencia. Liberado de la pesadilla que le perseguÃa desde hace tanto tiempo y de los horribles temores que le atenazaban, no es la misma persona. Incluso hay momentos en los que parece haber recuperado la capacidad de concentrar su memoria y su atención en ciertos aspectos del asunto; y ha podido ayudarnos a aclarar ciertas cosas que, sin él, habrÃa sido muy difÃcil o imposible dilucidar. Pero lo que debo hacer es exponer los resultados, cosa bastante breve; si empiezo a hablar de todas las circunstancias esperanzadoras que he observado, no acabaré nunca.
Su naturalidad y su amable sencillez dejaban ver con claridad que decÃa aquellas palabras para infundirnos ánimo y para que Agnes oyera pronunciar el nombre de su padre con más confianza; pero no resultaba menos agradable por eso.
–Y ahora, veamos –dijo Traddles, mirando los documentos que tenÃa en la mesa–. Después de haber calculado los fondos, y de haber puesto en orden, en primer lugar, gran número de equivocaciones involuntarias y, en segundo lugar, confusiones y falsificaciones intencionadas, estamos seguros de que el señor Wickfield podrÃa cerrar en estos momentos su bufete y su gabinete de inversiones sin ningún déficit ni malversación.