David Copperfield
David Copperfield –Entonces es un placer para mà comunicarles –exclamó Traddles, radiante de alegrÃa– ¡que hemos recuperado todo el dinero!
–¡Que nadie me dé la enhorabuena! –dijo mi tÃa–. ¿Y como lo han logrado, caballero?
–¿Acaso creÃa que el señor Wickfield habÃa gastado indebidamente esa suma? –inquirió Traddles.
–Por supuesto que lo creÃa –repuso ella–, por eso preferà callarme. ¡Agnes, no digas nada!
–Lo cierto es que sus bonos fueron vendidos, en virtud del poder que usted le habÃa dado; pero no es necesario aclarar quién realizó la operación y con qué firma. Más tarde ese rufián hizo creer al señor Wickfield, e incluso lo demostró con cifras, que él habÃa utilizado ese dinero (siguiendo sus instrucciones, según afirmó) para impedir que salieran a la luz otros descubiertos y dificultades. El señor Wickfield, indefenso en sus manos, tuvo la debilidad de pagarle a usted, posteriormente, varias cantidades en concepto de intereses sobre un capital que él sabÃa inexistente, lo que le convirtió en cómplice de este fraude.