David Copperfield
David Copperfield Al oír esto, Traddles y yo empezamos a hablar al mismo tiempo. Los dos recomendamos que sólo entregaran al señor Micawber una pequeña suma de dinero y que, sin decirle nada, liquidasen los pagarés de Uriah a medida que fueran apareciendo. Propusimos que se diera a la familia los pasajes, la vestimenta y cien libras; y que se aceptasen las condiciones del señor Micawber para la devolución de dicho adelanto, ya que sería beneficioso para él creer que había asumido esa responsabilidad. Añadí que convendría explicar al señor Peggotty, en quien sabía que podíamos confiar, las peculiaridades y los antecedentes de nuestro amigo; y pedirle que, cuando lo considerara oportuno, le adelantase otro centenar de libras. Después sugerí interesar al señor Micawber por el señor Peggotty, confiándole aquella parte de su historia que yo juzgase conveniente o creyera lícito relatar, esforzándome por unir a los dos hombres, en beneficio de ambos. Todos estuvimos de acuerdo en poner en práctica estas ideas; tal como hicieron los propios interesados poco después, con buena voluntad y perfecta armonía.
Al ver que Traddles volvía a mirar con inquietud a mi tía, le recordé el segundo y último punto al que había aludido.