David Copperfield
David Copperfield –Espero que tu tÃa y tú me perdonéis, Copperfield, si toco un tema doloroso, como sé que voy a hacer –dijo Traddles, vacilando–; pero creo necesario mencionarlo. El dÃa de la memorable denuncia del señor Micawber, Uriah Heep se refirió con amenazas al… marido de tu tÃa.
Mi tÃa asintió con la cabeza, tan erguida como antes y sin perder su aparente serenidad.
–Quizá no fuera más que una simple impertinencia –exclamó Traddles.
–No –replicó mi tÃa.
–Perdone que insista, ¿existÃa realmente esa persona y estaba a su merced? –inquirió Traddles.
–SÃ, mi querido amigo –contestó mi tÃa.
A Traddles se le alargó visiblemente el rostro. Nos explicó que no habÃa podido abordar ese asunto, que habÃa corrido la misma suerte que las deudas del señor Micawber, al no haberse incluido en el acuerdo con Uriah; y que ya no tenÃamos el menor poder sobre éste, que sin duda aprovecharÃa cualquier oportunidad para causarnos daños y molestias.
Mi tÃa continuó inmóvil, hasta que algunas lágrimas volvieron a resbalar por sus mejillas.
–Tiene razón –afirmó–. Ha sido muy amable al mencionarlo.
–¿Hay algo que yo… o Copperfield… podamos hacer? –preguntó Traddles, cariñosamente.