David Copperfield
David Copperfield Procedió a explicárselo, para infinita satisfacción de toda la familia, pues los niños también se hallaban presentes; y sus palabras despertaron hasta tal punto los hábitos de puntualidad del señor Micawber en el estadio inicial de todas sus transacciones que nadie pudo impedir que saliera corriendo inmediatamente, lleno de optimismo, para comprar el papel timbrado de sus pagarés. Pero su alegrÃa no tardó en recibir un duro golpe; pues no habÃan transcurrido ni cinco minutos cuando apareció custodiado por un oficial del alguacil para informarnos, llorando a lágrima viva, de que todo habÃa terminado. Como estábamos preparados para semejante vicisitud, que naturalmente era obra de Uriah Heep, nos apresuramos a pagar el dinero; y cinco minutos después el señor Micawber estaba sentado delante de su mesa extendiendo los pagarés, con una expresión de felicidad suprema que sólo esa agradable ocupación, o la preparación de un ponche, eran capaces de dar en toda su plenitud a su radiante rostro. Era todo un espectáculo verlo enfrascado en la redacción de sus pagarés, con el placer de un artista, retocándolos como si fueran pinturas, mirándolos con el rabillo del ojo, anotando con enorme seriedad fechas y cantidades en su libreta, y contemplándolos al terminar, convencido de su inestimable valor.