David Copperfield
David Copperfield Y se dirigió hacia la goleta, elevándose con las montañas, cayendo con los valles, perdido bajo la tumultuosa espuma, arrastrado hacia la orilla, arrastrado hacia el barco, luchando dura y valerosamente. La distancia era insignificante, pero la fuerza del mar y del viento lo convertían en una contienda mortal. Al final, se aproximó a la goleta. Estaba tan cerca que con una más de sus vigorosas brazadas hubiera podido aferrarse a ella… pero una gigantesca muralla de agua verde avanzó hacia la orilla, desde el otro lado del barco; Ham pareció subir de un poderoso salto hasta su cresta…¡y el barco desapareció!
Al correr hacia el lugar desde donde tiraban del cabo, vi arremolinados algunos pequeños fragmentos, como si acabara de romperse un simple barril. Se leía la consternación en todos los rostros. Y lo arrastraron hasta mis pies… inconsciente… muerto. Lo llevaron hasta la casa más cercana y, ahora que nadie me lo impedía, me quedé a su lado, ayudando activamente mientras trataban por todos los medios de reanimarlo; pero la inmensa ola le había asestado un golpe mortal, y su generoso corazón había dejado de latir para siempre.
Al sentarme junto a la cama, cuando la esperanza se había perdido y todo había terminado, un pescador, que conocía desde que Emily y yo éramos niños, pronunció quedamente mi nombre en la puerta.