David Copperfield
David Copperfield –¡Mire! –exclamó, tocándose de nuevo la cicatriz con una mano despiadada–. ¡Cuando él comprendió lo que habÃa hecho, se arrepintió! Yo sabÃa cantar para él, y hablarle, y mostrar mi entusiasmo por todo lo que hacÃa, y conseguà adquirir a fuerza de trabajo los conocimientos que más le interesaban; y yo le atraÃa. A la edad en que era más sincero y más puro, él me amó. ¡SÃ, me amó! ¡Cuántas veces, después de desembarazarse de usted con una frase cualquiera, me estrechaba contra su corazón!
En medio de su frenesà (pues era como si hubiese enloquecido), pronunció estas palabras con un orgullo burlón, pero también con una vehemencia en la que, por unos instantes, los rescoldos dormidos de su antigua ternura parecieron encenderse de nuevo.