David Copperfield
David Copperfield No resultó fácil responder a sus preguntas; y todavÃa menos decirle en voz baja al señor Peggotty, cuando vino acompañado del señor Micawber, que habÃa entregado la carta a Ham y que todo estaba en orden. Pero hice ambas cosas, y los dos hermanos se quedaron satisfechos. Si mi rostro reflejaba algo de lo que sentÃa, mi propio dolor bastaba para explicarlo.
–¿Y cuándo zarpa el barco, señor Micawber? –preguntó mi tÃa.
El señor Micawber consideró necesario preparar poco a poco a mi tÃa o a su mujer para darles la noticia, y contestó que antes de lo que él habÃa supuesto el dÃa anterior.
–Imagino que el barco le habrá avisado, ¿no es asÃ? –dijo mi tÃa.
–En efecto, señora –replicó él.
–Entonces, ¿se hará a la mar…? –quiso saber mi tÃa.
–Señora –repuso el señor Micawber–, me han informado de que debemos subir sin falta a bordo mañana por la mañana, antes de las siete.
–¡Caramba! –exclamó mi tÃa–. Eso es muy temprano. Supongo que será por cuestiones náuticas, ¿no es cierto, señor Peggotty?