David Copperfield
David Copperfield –Durante el viaje –prosiguió el señor Micawber–, me esforzaré por contar historias, y espero que las melodÃas de mi hijo Wilkins resulten gratas junto a los fogones de la cocina. Cuando la señora Micawber se haya convertido en una ruda marinera (y confÃo en que no haya nada impropio en la expresión), seguro que nos deleitará a todos con La pequeña Tafflin. Tengo entendido que veremos con frecuencia marsopas y delfines a nuestra proa; y que, tanto en las amuras de babor como de estribor, divisaremos siempre cosas singulares. En una palabra –dijo el señor Micawber, con su elegancia de antaño–, lo más probable es que todo nos parezca tan excitante, tanto en la arboladura como a ras de cubierta, que, cuando el vigÃa grite: «¡Tierra!» desde lo alto del palo mayor, todos nos quedaremos asombrados.
Y, después de estas palabras, vació graciosamente su cubilete de hojalata, como si ya hubiera realizado el viaje y hubiese superado una difÃcil prueba ante las más altas autoridades navales.