David Copperfield
David Copperfield –Y si actúa asà –prosiguió la señora Micawber–, y es consciente de su posición, ¿no tengo razón al decir que el señor Micawber fortalecerá, en lugar de debilitar, su vÃnculo con Albión? Si nace una importante personalidad en aquel hemisferio, ¿acaso su influencia no se sentirá en su paÃs natal? ¿Puedo ser tan necia como para suponer que, cuando el señor Micawber empuñe el cetro del talento y del poder en Australia, no será nadie en Inglaterra? No soy más que una mujer; pero no serÃa digna de mà misma, ni de papá, si pudiera culpárseme de semejante despropósito.
El convencimiento de la señora Micawber de que sus argumentos eran incontestables dio a su tono una elevación moral que hasta entonces no habÃa percibido en ella.
–Y por eso deseo con más ardor –afirmó la señora Micawber– que regresemos en el futuro a la tierra de nuestros antepasados. Es posible que el señor Micawber… no puedo ocultarme a mà misma que existe esa probabilidad, que el señor Micawber… sea una página de la historia; en ese caso, ¡tendrá que estar representado en el paÃs que le dio la vida, pero que se negó a darle empleo!