David Copperfield
David Copperfield Tuve la sensación de que el señor Creakle estaba decepcionado; me pareció, sin embargo, que no les ocurrÃa lo mismo a la señora y a la señorita Creakle (a las que miré entonces por primera vez, y que eran delgadas y apacibles).
–Venga aquÃ, joven –dijo el director con gesto imperioso.
–Venga aquà –repitió el hombre de la pata de palo.
–Tengo el placer de conocer a su padrastro –susurró el director de Salem House, agarrándome de una oreja–. Es un hombre digno y de carácter enérgico. Los dos nos conocemos bien. Y usted, ¿sabe quién soy yo? ¿Eh? –preguntó el señor Creakle, pellizcándome la oreja con un entusiasmo feroz.
–Aún no, señor –contesté, encogiéndome de dolor.
–¿Aún no? ¿Eh? –exclamó–. Pues no tardará en saberlo.
–No tardará en saberlo –repitió nuevamente el hombre de la pata de palo.
Más tarde descubrà que, gracias a su vozarrón, servÃa generalmente de intérprete al señor Creakle, cuando éste se dirigÃa a los muchachos.