David Copperfield
David Copperfield Yo estaba muy asustado y repuse que asà lo esperaba, siempre que a él le pareciese bien. Entretanto, seguÃa pellizcándome con tanta fuerza que me ardÃa la oreja.
–Le diré quién soy –susurró el señor Creakle, soltándome por fin (no sin retorcerme la oreja hasta que se me saltaron las lágrimas)–. Soy un hombre terrible.
–Un hombre terrible –repitió el hombre de la pata de palo.
–Cuando digo que haré algo, es que voy a hacerlo –exclamó el señor Creakle–; y cuando digo que ha de hacerse algo, quiero que se me obedezca.
–Quiero que se me obedezca –insistió el hombre de la pata de palo.
–Soy una persona de gran firmeza –aseguró el director–. Eso es lo que soy. Y cumplo siempre con mi deber. Eso es lo que hago. Si mi carne y mi sangre –y, al pronunciar estas palabras, miraba a la señora Creakle– se levantan contra mÃ, dejan de ser mi carne y mi sangre. Reniego de ellas. ¿Ha vuelto ese individuo por aquÃ? –preguntó al hombre de la pata de palo.
–No –fue su contestación.