David Copperfield
David Copperfield –No –dijo el señor Creakle–. Él sabe a qué atenerse. Me conoce bien. Más vale que no se acerque –continuó, golpeando la mesa y mirando a su esposa–, porque ya me conoce… Y usted también empieza a saber quién soy, joven amigo –exclamó, dirigiéndose a mÖ. Y ahora puede marcharse. Vamos, lléveselo de aquÃ.
Me alegró mucho que diera por concluida nuestra entrevista, pues la señora y la señorita Creakle estaban enjugándose las lágrimas, y yo sufrÃa tanto por ellas como por mÃ. Pero tenÃa que pedirle algo que yo consideraba de vital importancia, asà que le dije, asombrado de mi propia osadÃa:
–Por favor, señor…
–¿Eh? ¿Qué significa esto? –susurró, clavando su mirada en mà como si quisiera fulminarme con ella.
–Por favor, señor –balbucÖ. Si me permitiera quitarme este cartel antes de que los alumnos regresaran. Estoy tan arrepentido de mi conducta…