David Copperfield
David Copperfield Ignoro si el señor Creakle se enfadó de veras o sólo pretendió asustarme, pero, al ver que se ponía bruscamente en pie, decidí batirme en retirada, sin esperar siquiera que me escoltara el hombre de la pata de palo; y no dejé de correr hasta que llegué a mi dormitorio, donde me di cuenta de que nadie me perseguía. Me tumbé entonces en la cama, pues era hora de acostarse; y seguí temblando de miedo, incapaz de conciliar el sueño, durante más de dos horas.
A la mañana siguiente regresó el señor Sharp, que era el profesor principal y tenía más autoridad que el señor Mell. Este último comía en la mesa de los alumnos, mientras que el señor Sharp almorzaba y cenaba en la del señor Creakle. Me pareció un caballero de aspecto frágil y delicado, con una nariz bastante respetable y una manera muy peculiar de ladear la cabeza, como si le pesara demasiado. Su cabello era suave y ondulado; aunque el primer alumno que volvió al internado me dijo que se trataba de una peluca (de segunda mano, aseguró), y que el señor Sharp salía todos los sábados por la tarde para que se la rizaran.
Tommy Traddles me contó todas aquellas cosas. Él fue el primer muchacho que regresó. Se presentó diciendo que encontraría su nombre grabado en la esquina derecha de la puerta, encima del cerrojo más alto.
–¿Traddles? –me apresuré a decir yo.
–El mismo –contestó.