David Copperfield
David Copperfield –¡Válgame Dios! –exclamó Traddles, abriendo los ojos como antaño–. ¿Acaso no recibiste mi última carta?
–Desde luego que no, si hablaba de alguna ceremonia.
–Pues bien, mi querido Copperfield –añadió Traddles, estirándose los cabellos con ambas manos, antes de colocar éstas sobre mis rodillas–. ¡Me he casado!
–¡Casado! –repetà con júbilo.
–¡Que Dios me guÃe! ¡SÃ! –dijo Traddles–. El reverendo Horace celebró mi matrimonio con… Sophy… allá en Devonshire. ¡Mira! ¡Está detrás de las cortinas!
Con gran asombro mÃo, la muchacha más adorable del mundo salió riéndose y enrojeciendo de su escondite. Y, tal como dije allà mismo, no creo que el mundo haya visto jamás una novia más alegre, más amable, más leal, más feliz y más radiante. La besé como un viejo amigo y les deseé de todo corazón la mayor de las dichas.
–¡Qué maravillosa reunión! –exclamó Traddles–. ¡Estás tan increÃblemente moreno, mi querido Copperfield! ¡Dios mÃo! ¡Qué feliz me siento!
–Y yo también –afirmé.
–¡Y yo! –dijo Sophy, entre risas y sonrojos.