David Copperfield
David Copperfield –La mayor de todas, la que es una belleza –respondió Traddles en tono confidencial–, Caroline. Y también Sarah… la que tenÃa problemas en la columna vertebral, ¡que ahora está muchÃsimo mejor! Las dos pequeñas, las que educaba Sophy, se encuentran con nosotros. Y también Louisa.
–¿De veras? –exclamé.
–Sà –dijo Traddles–. El apartamento sólo tiene tres habitaciones, pero Sophy ha hecho maravillas y sus hermanas duermen lo más cómodamente posible. Tres en ese cuarto –agregó, señalando una puerta–, y dos en ese otro.
No pude evitar mirar a uno y otro lado, buscando el dormitorio del señor y de la señora Traddles. Traddles leyó mi pensamiento.
–Pues bien –afirmó–, como acabo de decirte, estamos dispuestos a vivir sin comodidades, y la semana pasada improvisamos una cama aquà mismo, en el suelo. Pero hay una pequeña buhardilla… encantadora, cuando uno está dentro… que Sophy ha empapelado ella misma para darme una sorpresa y que, en estos momentos, nos sirve de dormitorio. Es un lugar increÃblemente bohemio, y tiene unas vistas preciosas.
–¡Y al fin estás felizmente casado, mi querido Traddles! ¡Cuánto me alegro!