David Copperfield
David Copperfield –¡Qué sonido tan musical! ¿No crees, mi querido Copperfield? –dijo Traddles–. De lo más agradable para el oÃdo. Parece alegrar estas viejas habitaciones. Para un pobre soltero que ha vivido toda su vida solo, resulta absolutamente delicioso. Es encantador. Pobres muchachas, han sufrido una gran pérdida con Sophy… la cual, te lo aseguro, Copperfield, es y ha sido siempre la joven más adorable del mundo. No tengo palabras para expresar mi satisfacción al verlas tan contentas. La compañÃa de las muchachas es algo maravilloso, Copperfield. No puede decirse que sea muy profesional, pero sà maravilloso.
Al darme cuenta de que titubeaba un poco, y comprendiendo que su bondadoso corazón temÃa haberme causado algún dolor con sus palabras, asentà con un entusiasmo que le tranquilizó visiblemente y que le agradó sobremanera.
–A decir verdad, mi querido Copperfield –exclamó Traddles–, tampoco nuestra organización doméstica es muy profesional. Ni siquiera la presencia de Sophy es reglamentaria. Y no tenemos otro domicilio. Nos hemos embarcado en un batel, pero estamos dispuestos a vivir sin comodidades. ¡Y Sophy es una magnÃfica administradora! Te sorprenderÃa ver cómo ha instalado a sus hermanas. No sé cómo ha podido hacerlo.
–Pero ¿cuántas han venido a visitaros? –pregunté.