David Copperfield
David Copperfield –Me alegro de que estés de acuerdo conmigo, Copperfield –señaló Traddles–, porque, sin pretender acusar al reverendo Horace, pienso que los padres, hermanos y demás familiares a veces son muy egoÃstas cuando se dan casos similares. ¡En fin! También le señalé que mi deseo más ardiente era ser útil a la familia; y que, si lograba abrirme camino en la vida y a él le ocurrÃa algo… es decir, si le ocurrÃa algo al reverendo Horace…
–Comprendo –dije.
–… o a la señora Crewler…, mi mayor aspiración serÃa convertirme en un padre para las niñas. Me dio una respuesta admirable, sumamente halagüeña para mÃ, y se comprometió a obtener el consentimiento de la señora Crewler. Pero lo pasaron muy mal con ella. Le subió de las piernas al pecho, y luego a la cabeza.
–Pero ¿qué le subió? –inquirÃ.