David Copperfield
David Copperfield –Ya lo creo –contesté–. ¿Dónde ha coincidido con ella, señor Chillip?
–¿Acaso no sabe, señor –me preguntó–, que su padrastro y yo somos nuevamente vecinos?
–No –repliqué.
–¡Pues asà es! –exclamó el señor Chillip–. Se casó con una joven dama de la zona, con una considerable fortuna, la pobre. Y tanto trabajo intelectual, ¿no le fatiga, señor? –inquirió, contemplándome igual que un petirrojo rebosante de admiración.
Hice caso omiso de su pregunta y volvà a los Murdstone.
–SabÃa que él se habÃa casado de nuevo. ¿Es usted el médico de la familia? –quise saber.
–Normalmente no. Me han consultado de vez en cuando –repuso el señor Chillip–. Creo que tanto en el señor Murdstone como en su hermana existe un fuerte desarrollo frenológico del órgano de la firmeza, señor.
Le respondà con una mirada tan expresiva que, entre ella y el jerez, el señor Chillip tuvo la valentÃa de sacudir varias veces la cabeza y de exclamar pensativo:
–¡Ay! ¡No hemos olvidado aquellos tiempos, señor Copperfield!
–Veo que los dos hermanos siguen como siempre, ¿no es cierto? –exclamé.