David Copperfield
David Copperfield Completamente exhausto, me acosté también al dar la medianoche; pasé el día siguiente en la diligencia de Dover; irrumpí sano y salvo en el salón de mi tía mientras ella tomaba el té (ahora llevaba gafas); y ella, el señor Dick y mi vieja y querida Peggotty, que era su ama de llaves, me recibieron con lágrimas en los ojos y con los brazos abiertos. Nos sentamos a hablar tranquilamente, y a mi tía le divirtió muchísimo el relato de mi encuentro con el señor Chillip, y el pavoroso recuerdo que tenía de su visita; y tanto ella como Peggotty tuvieron mucho que comentar sobre el segundo marido de mi infortunada madre y «la asesina[126] de su hermana», a la que mi tía por nada del mundo habría llamado por su nombre o apellido, ni de ningún otro modo.