David Copperfield
David Copperfield –Pero nadie sabe, ni siquiera tú –continuó diciendo–, todo lo que ella ha hecho, todo lo que ha sufrido, todo lo que ha tenido que luchar. ¡QueridÃsima Agnes!
Ella habÃa puesto la mano en el brazo de su padre para suplicarle que se callara, y su palidez era extrema.
–¡Bueno, bueno! –exclamó él con un suspiro, dejando de referirse, como entonces comprendÃ, a cierta adversidad que Agnes habÃa sobrellevado, o tenÃa aún que sobrellevar, y que estaba relacionada con lo que me habÃa contado mi tÃa–. Jamás te he hablado de su madre, Trotwood. ¿Lo ha hecho alguna otra persona?
–Nunca, señor.
–No hay mucho que decir… aunque fue muy doloroso. Ella se casó conmigo en contra de la voluntad de su padre, y él renegó de ella. Antes de que Agnes naciera, ella le suplicó que la perdonara. Pero era un hombre despiadado, y su madre hacÃa mucho que habÃa muerto. La rechazó, y rompió su corazón.
Agnes se apoyó en el hombro de su padre y le rodeó el cuello con el brazo.