David Copperfield
David Copperfield –He pensado a menudo desde entonces, hermana mÃa, que siempre has sido para mà lo que fuiste en aquellos momentos. Siempre me has señalado el Cielo, Agnes; siempre me has guiado hacia algo mejor; siempre me has empujado hacia cosas más elevadas.
Ella se limitó a negarlo con la cabeza; y, en medio de sus lágrimas, percibà la misma sonrisa triste y serena.
–Y te estoy tan agradecido, Agnes, y me siento tan unido a ti, que no encuentro ninguna palabra para expresar el cariño que me inspiras. Quiero que sepas, aunque no sé cómo decÃrtelo, que siempre te admiraré y me dejaré guiar por ti, de igual modo que lo hiciste en medio de las tinieblas que ya pertenecen al pasado. Suceda lo que suceda, a pesar de los nuevos lazos que puedas crear y de los cambios que se obren en nuestras vidas, siempre acudiré a ti, y te amaré, como lo hago ahora y lo he hecho siempre. ¡Y hasta el dÃa de mi muerte, queridÃsima hermana, te veré ante mÃ, señalándome el Cielo!
Agnes puso su mano en la mÃa, y me dijo que se sentÃa orgullosa de mà y de mis palabras, aunque estaba muy lejos de merecer semejantes elogios. Luego siguió tocando el piano dulcemente, pero sin apartar sus ojos de mÃ.