David Copperfield
David Copperfield Al principio me extrañaba encontrar casi siempre a Sophy escribiendo en un cuaderno, que se apresuraba a cerrar y a guardar en un cajón cuando yo aparecía. Pero el secreto no tardó en salir a la luz. Un día Traddles (que acababa de regresar del Tribunal bajo una llovizna de aguanieve) sacó un documento de su mesa de trabajo y me preguntó qué opinaba de la letra.
–¡Oh, no! ¡Tom! –protestó Sophy, que estaba calentando las zapatillas de su marido delante de la chimenea.
–¿Por qué no, querida? –exclamó Traddles, encantado–. ¿Qué te parece esta letra, Copperfield?
–Extraordinariamente legal y solemne –repuse–. Creo que jamás he visto una escritura tan enérgica.
–No resulta nada femenina, ¿verdad? –inquirió Traddles.
–¡Femenina! –repetí–. ¡Los ladrillos y el mortero son más femeninos!