David Copperfield
David Copperfield Traddles estalló en alegres carcajadas, y me comunicó que la letra era de Sophy; que ésta le habÃa dicho que pronto necesitarÃa un escribiente, y que ella realizarÃa ese trabajo; que habÃa adquirido aquella firmeza a fuerza de copiar un modelo; y que era capaz de realizar con rapidez… no recuerdo cuántos folios por hora. Sophy estaba muy avergonzada de que me contara todo esto, y señaló que cuando «Tom» fuese nombrado juez no lo dirÃa tan alto; algo que «Tom» se apresuró a negar, afirmando que siempre se sentirÃa orgulloso de aquello, en cualquier circunstancia.
–¡Qué mujer tan buena y tan encantadora tienes, mi querido Traddles! –exclamé riendo cuando ella se marchó.
–Mi querido Copperfield –respondió Traddles–, ella es, sin excepción alguna, ¡la muchacha más adorable del mundo! Si supieras lo bien que organiza esta casa. ¡Con cuánta puntualidad, sabidurÃa doméstica, economÃa y orden! ¡Y siempre de buen humor, Copperfield!
–¡Tienes razones de sobra para elogiarla! –afirmé–. Eres un hombre dichoso, Traddles. Creo que os hacéis inmensamente felices el uno al otro.