David Copperfield
David Copperfield –No me cabe la menor duda –contestó mi amigo–. Es algo que admito sin discusión. ¡Bendito sea Dios! Cuando la veo levantarse a la luz de una vela en esas oscuras mañanas de invierno, y ocuparse de los preparativos de la jornada, dirigirse al mercado antes de que los empleados lleguen a Gray’s Inn, hacer caso omiso del mal tiempo, idear los platos más exquisitos con los alimentos más sencillos, preparar budines y tartas, tener todo ordenado, estar siempre primorosamente arreglada, quedarse a mi lado por las noches aunque trabaje hasta muy tarde, mostrarse siempre tan dulce y animosa, y todo por mÃ, ¡te aseguro que a veces no puedo creerlo, Copperfield!
Traddles miraba con ternura hasta las zapatillas que ella le habÃa calentado; se las puso y apoyó los pies en la pantalla de la chimenea.