David Copperfield
David Copperfield –¡Agnes! ¡Mi guĂa y mi mejor apoyo! Si te hubieras preocupado más por ti, y menos por mĂ, cuando crecĂamos juntos en esta casa, mi corazĂłn caprichoso nunca se habrĂa alejado. Pero te hallabas tan por encima de mĂ, y me eras tan necesaria en mis penas y alegrĂas infantiles, que la confianza y la fe que te tenĂa se convirtieron en una segunda naturaleza, ¡suplantando por algĂşn tiempo la primera y más profunda de amarte como lo hago ahora!
Ella seguĂa llorando, ¡pero sus lágrimas no eran de tristeza sino de alegrĂa! Y yo la estrechaba entre mis brazos, como jamás lo habĂa hecho, y ¡como jamás creĂ que pudiera hacerlo!
–Cuando yo amaba a Dora… tiernamente, como bien sabes, Agnes…
–¡SĂ! –exclamĂł muy seria–. ¡Me alegro de que me lo digas!
–Cuando yo la amaba… incluso entonces, mi amor habrĂa sido incompleto sin tu simpatĂa. Pero la tuve, y todo fue perfecto. Y cuando perdĂ a Dora, Agnes, ÂżquĂ© habrĂa hecho sin tu ayuda?
La estrechĂ© con más fuerza entre mis brazos, más cerca de mi corazĂłn; y su mano temblorosa se apoyaba en mi hombro, y sus dulces ojos, brillando a travĂ©s de sus lágrimas, miraban los mĂos.