David Copperfield
David Copperfield Como parecía muy enojada, decidí cortar por lo sano. Cogí a Agnes por el talle para llevarla detrás del sillón de mi tía, y los dos nos inclinamos sobre ella. Mi tía, después de dar una palmada y de mirarnos a través de las gafas, sufrió un ataque de histerismo, por primera y última vez en su vida.
Peggotty acudió al oír sus gritos. En cuanto mi tía se recuperó, se lanzó al cuello de Peggotty y, llamándola vieja y necia criatura, la estrechó entre sus brazos con todas sus fuerzas. Luego abrazó al señor Dick, que se sintió sumamente honrado, aunque muy sorprendido; y, finalmente, explicó a los dos el motivo. Entonces fuimos todos muy felices.
No logré adivinar si mi tía, en su última y breve conversación conmigo, me había dicho una mentira piadosa o había interpretado mal mis sentimientos. Era más que suficiente, me dijo, que me hubiera anunciado la boda de Agnes, algo que yo sabía ahora mejor que nadie que no era mentira.
Nos casamos quince días después. Traddles y Sophy, y el doctor y la señora Strong fueron los únicos invitados de nuestra tranquila ceremonia. Dejamos a todos radiantes y nos alejamos juntos. Tenía entre mis brazos la fuente de todas mis nobles aspiraciones; la esencia de mi alma, el círculo de mi vida, lo más mío, mi esposa; ¡y mi amor por ella era firme como una roca!