David Copperfield
David Copperfield –Pero he de decir, en defensa de esa bondadosa criatura –prosiguió, enjugándose el rostro cuando nos cansamos de reÃr–, que ha sido para nosotros todo lo que prometió, e incluso más. Es la mujer más servicial, honrada y leal del mundo, señorito Davy. Jamás se ha quejado de estar sola y desamparada, ni siquiera cuando llegamos a la colonia y todo era nuevo para nosotros. ¡Y les aseguro que no ha vuelto a pensar en su viejo desde que abandonó Inglaterra!
–Por último, y no porque sea menos importante, tenemos al señor Micawber –exclamé–. Ha satisfecho todas las deudas que habÃa contraÃdo en Inglaterra, incluso el pagaré de Traddles, ¿te acuerdas, querida Agnes? Por ese motivo, suponemos que las cosas le van bien. ¿Cuáles son las últimas noticias que tiene de él?
El señor Peggotty, con una sonrisa, metió la mano en el bolsillo del chaleco y sacó un pequeño paquete muy bien doblado, del que extrajo con sumo cuidado un periódico de aspecto extraño.
–Tienen que saber, señorito Copperfield –dijo–, que ya no vivimos alejados de la civilización. Como ahora somos gente pudiente, nos hemos trasladado a Port Middlebay Harbor, que es lo que allà llamamos una ciudad.[127]
–Y el señor Micawber ¿estaba con ustedes en las tierras despobladas? –inquirÃ.