David Copperfield
David Copperfield Y ahora que finalizo mi tarea, reprimiendo el deseo de extenderme, todos esos rostros desaparecen. Pero hay uno que resplandece como una luz celestial y que ilumina todos los demás objetos, por encima y fuera del alcance de ellos. Y que siempre está ahÃ.
Vuelvo la cabeza y lo veo cerca de mÃ, con su hermosa serenidad. Mi lámpara está a punto de apagarse y he escrito hasta muy avanzada la noche; pero la adorada presencia sin la que yo no serÃa nada me acompaña.
¡Oh, Agnes! ¡Alma mÃa! ¡Que tu rostro siga junto al mÃo cuando llegue mi última hora! ¡Que cuando la realidad se desvanezca, como las sombras que ahora alejo de mÃ, pueda encontrarte a mi lado con la mano levantada, señalando el Cielo!