David Copperfield
David Copperfield Una de las mayores felicidades de mi vida era ver a Steerforth dirigirse a la iglesia, delante de nosotros, del brazo de la señorita Creakle. No me parecía que ésta pudiera equipararse en belleza a la pequeña Emily, y no estaba enamorado de ella (me faltaba valor); pero era, a mis ojos, una joven de un encanto extraordinario y de una distinción difícil de superar. Cuando Steerforth, con sus pantalones blancos, le llevaba la sombrilla, yo me sentía orgulloso de conocerlo; y pensaba que lo único que podía hacer la señorita Creakle era quererlo con todo su corazón. El señor Sharp y el señor Mell eran dos personajes muy importantes para mí; pero Steerforth, al lado de ellos, era como el sol comparado con dos estrellas.