David Copperfield
David Copperfield –No… –gruñó el carretero, pensativo–. No me ha pedido que lo hiciera. Jamás le he dirigido ni seis palabras, asà que no seré yo quien se lo diga.
–¿Quiere que me encargue yo? –pregunté sin demasiada convicción.
–PodrÃa decirle, si le parece bien –repuso él, dirigiendo nuevamente sus ojos hacia mÖ, que el señor Barkis espera una respuesta. Porque… ¿cómo dice que se llama ella?
–¿Que cómo se llama ella?
El señor Barkis asintió.
–Peggotty.
–¿Se trata de su nombre de pila o de su apellido? –inquirió.
–De su apellido. Su nombre de pila es Clara.
–¿De veras? –exclamó el señor Barkis.
Y pareció encontrar abundante materia de reflexión en este detalle, pues se quedó durante un buen rato meditando y silbando para sus adentros.
–¡Esta bien! –prosiguió–. Usted le dice: «¡Peggotty! Barkis espera una respuesta». Y quizá ella le pregunte: «¿Una respuesta a qué?». Entonces usted puede contestarle: «A lo que le escribû. Y si ella dice: «Y ¿qué me escribió?». Usted le repite: «Barkis está disponible».