David Copperfield
David Copperfield –Transmità su mensaje, señor; escribà a Peggotty.
–¡Ah! –exclamó él.
El señor Barkis parecÃa enojado y su respuesta fue bastante seca.
–¿Acaso no lo transmità bien, señor? –pregunté, después de algunas dudas.
–Pues no –afirmó el señor Barkis.
–¿Lo escribà mal?
–Es posible que lo escribiera bien; pero ahà terminó todo.
–¿Que ahà terminó todo, señor Barkis? –repetà con aire inquisitivo, sin comprender sus palabras.
–SÃ. La verdad es que no sirvió de nada –dijo, mirándome de soslayo–. Ella jamás me contestó.
–¿Esperaba, entonces, una respuesta? –pregunté, abriendo los ojos; pues jamás se me habÃa pasado por la cabeza semejante idea.
–Está claro que, cuando un hombre dice que está disponible –declaró, volviéndose lentamente hacia mÖ, es que espera una respuesta.
–¿Y bien, señor?
–Pues que este hombre lleva esperando una respuesta desde entonces –exclamó, mientras contemplaba las orejas del caballo.
–¿Y se lo ha dicho a ella, señor Barkis?